EL SOÑADOR DE AGUASABROSA


OSCAR ECHEVERRI MEJIA,

OSCAR ECHEVERRI M

POETA COLOMBIANO

EL SOÑADOR DE AGUASABROSA

El domingo 11 de diciembre de 2005, frisando 88 años de edad, dejó de existir el poeta y escritor colombiano, Óscar Echeverri Mejía, columnista para diferentes diarios del país y del exterior, en los que escribía correcciones idiomáticas y crítica de libros. Pierden las letras y el lenguaje a uno de sus más grandes cultores.

El maestro se distinguió por su valiosa pertenencia a destacadas entidades e instituciones:

* Fue director del Departamento de Información y Cultura del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia.

* Miembro principal de la Junta de Censura de Cine del Ministerio de Educación Nacional de Colombia

* Diplomático en España, México, Panamá y Venezuela.

* Miembro de número de la Academia Colombiana de la Lengua, y correspondiente de la Real Academia Española.

* Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

* Miembro de honor del Centro de estudios de Relaciones Públicas de Colombia.

* Miembro Honorario de la Asociación Prometeo de Poesía, de Madrid

* Miembro de número de la Sociedad Bolivariana de Colombia, y de la del Paraguay.

* Miembro de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Escritores, con sede en Caracas.

* Miembro fundador y ex presidente de la Asociación de Escritores de Colombia.

* Miembro fundador de la Casa de Poesía Jorge Isaacs.

* Miembro honorario de la Sociedad Sanmartiniana de Colombia.

* Miembro de Honor de la Fundación de Poetas Vallecaucanos.

* Miembro del Instituto O’higginiano de Colombia.

* Editor y director del suplemento Estafeta Literaria, del periódico La Paz, de Bogotá.

* Fundador, y director por diez años, de los programas radiales La voz de la Academia Colombiana de la Lengua y Cuestiones de lenguaje, y su director durante 10 años.

Inició su vida literaria a los 17 años en El Diario, de Pereira; durante 10 años fue jefe de Relaciones Públicas de la Academia Colombiana de la Lengua y la representó en varios congresos internacionales. Obtuvo diversas condecoraciones y reconocimientos, entre ellos: diploma Maestro de poesía, otorgado en Valparaíso, Chile; Mérito civil, en el grado de comendador, en España; diploma Rubén Darío, en el grado de comendador, en Nicaragua; Mérito literario latinoamericano, en Caracas; Orden del Arriero, en Antioquia; premio Bernardo Arias Trujillo, en Risaralda; Cruz de caballero, en la Orden al Mérito Vallecaucano, en Cali; y Orden Luis Carlos González, en Pereira.

Fue huésped distinguido del ayuntamiento de Veracruz, México; y de la Cámara Junior de Maracaibo, Venezuela; y figura en un gran número de enciclopedias y antologías colombianas y extranjeras.

En el sepelio, su hija María Constanza, leyó el poema Epitafio, escrito por el maestro. Transcribo a continuación esa pieza literaria. Vale recordar que el poeta utilizó, en muchas de sus actividades académicas, el seudónimo de “Sergio”.

EPITAFIO

En unos cuantos metros cúbicos de aire y noche,

poned este epitafio que es toda mi fortuna:

“Aquí reposa Sergio,

señor de nube y sueños,

quien gastó sus riquezas de amor y poesía

hasta quedar tan limpio como esta limpia losa.

Si algún rumor del mundo

queréis a su retiro traerle, solamente

dadle el del ancho mar.

Y si osáis algún día dibujar su retrato

decid: fue un navegante varado en tierra firme,

buscó siempre el amor

en las rutas incógnitas

de la inefable rosa de los vientos.

Creyó en la vida. Hizo de la amistad su lema.

Su existencia fue un sueño, y a su muerte

devolvió a Dios su alma,

y reintegró a la tierra lo que ella le había dado:

un efímero nombre/ y un puñado de huesos.

Su incondicional amigo y secretario privado, el doctor Pedro José Henao Montes, tuvo el honor de leer los poemas “Sólo un poeta” y “El poeta se despide de su mundo”, escritos ¾poco antes de su fallecimiento¾ por el ilustre pensador desaparecido.

De la prolífica producción literaria del maestro quedan para la historia 27 obras publicadas en Colombia, España, Argentina, México y Venezuela: Altamar (tres ediciones), Arte poética (antología), Canciones sin palabras, Cielo de poesía, Destino de la voz (dos ediciones), Diccionario abreviado de la lengua española, Duelos y quebrantos, El paso del tiempo, El toro celtibérico, Escrito en el agua, España vertebrada, Flor de sonetos (antología), Historia de la sangre, Humo del tiempo, La llama y el espejo, La patria ilímite, La piel de la patria, La rosa sobre el muro, Las cuatro estaciones, Mar de fondo, Muerte sueño sellado, Nuestro idioma al día (dos ediciones), Rostros del amor, Señales de vida, Un autor en un libro: Guillermo Valencia, Veintiún años de poesía colombiana (antología) y Viaje a la niebla.

Editó, además, un disco de larga duración, con poemas de las cuatro estaciones; en la voz de Eucario Bermúdez, arreglos musicales de Jaime Llano González y presentación de Roberto Burgos Ojeda; y en Televisa Radio de México, siendo cónsul general de Colombia en ese país, en su programa “Yo el poeta”, emitió y recreó su vida en una magistral conjugación de hechos y creación de poesías; fueron segmentos de media hora cada uno, durante cinco días consecutivos.

De su magistral obra dan cuenta otros autores: Antología simbólica de Óscar Echeverri Mejía, selección y análisis por Fredo Arias de la Canal, Edición del Frente de Afirmación Hispanista (México); y Antología total (dos ediciones), selección y crítica del poeta, por Severino Cardeñoso Álvarez (Vigo, España).

Una sentida voz de condolencia para su primera esposa, doña Bertha Garrido, para sus hijos Fernando y Horacio, María Constanza, Amparo y Diego; para sus hijos, en su segundo matrimonio, Felipe y Carolina; y para su esposa Lourdes Carrasco.

(Publicado en el diario Occidente, Cali, Colombia, 13.12.2006)

Gustavo PÁEZ ESCOBAR *:

SUEÑO SELLADO

De Medellín me llamó Hernando García Mejía a decirme que acababa de enterarse, por un artículo de Óscar Domínguez en El Nuevo Siglo, de la muerte de Óscar Echeverri Mejía. Según esa columna, que a mi turno leí en la edición dominical del citado periódico, el poeta falleció el pasado 11 de diciembre en su predio campestre “Aguasabrosa”, situado en Calima-El Darién.

Desde hacía tres años no había vuelto yo a recibir correspondencia suya. En diciembre del 2002, al acusarme recibo de un libro, me ofreció remitirme copia de la nota que publicaría en un diario caleño. Ese artículo nunca me llegó. Una de sus exquisitas muestras de amistad era la de enviar a los autores los recortes de prensa donde comentaba las obras recibidas. Yo sabía que su salud venía en franco deterioro. Por supuesto, su silencio posterior lo interpreté como un signo funesto.

Desde que en agosto del mismo año donó a la ciudad de Pereira su biblioteca particular, que tanto había consentido ¾conformada por cerca de 8.000 volúmenes¾, comenzó a asaltarme el triste presagio de que el poeta se estaba despidiendo de la vida. Hizo coincidir dicho acto con los 60 años de la aparición de su primer libro, Destino de la voz. A pesar de no haber nacido en Pereira, sino en Ibagué (en mayo de 1918), fue llevado a aquella ciudad a los tres meses de nacido. Allí vivió hasta los 20 años, cuando sus padres se trasladaron en forma definitiva a Cali. En Pereira recibió el hálito de su inspiración poética, y siempre la consideró su cuna sentimental.

En la ceremonia de entrega de su biblioteca fue presentada su última obra: Muerte: sueño sellado, que recopila los poemas dedicados a la muerte en las seis décadas de su laboriosa producción. El profeta de su propio destino, maestro del soneto clásico, le dice a la parca: “No tiene ojos pero nos acecha. / Ignora el almanaque, mas la fecha / que nos asigna nunca se le olvida. / Es la derrota, mas con ella empieza / el duradero triunfo de la vida”. Y en reportaje a Óscar Domínguez le decía poco tiempo atrás: “Yo no pienso en la muerte, convivo con ella”.

Su obra, representada en más de 20 volúmenes, contiene diversas facetas (la romántica, la patriótica, la telúrica, entre ellas) y está movida por una profunda  sensibilidad y un precioso lenguaje. Fuera de su libro inaugural, editado a los 24 años, su labor deja títulos de gran valía, como Las cuatro estaciones, Escrito en el agua, Humo del tiempo, España vertebrada, La piel de la patria, Duelos y quebrantos.

Fue un brillante periodista cultural y un gran divulgador de las letras. Su escritura es modelo de casticidad. Con esa virtud, ejerció una cátedra ejemplar en las columnas que sobre el idioma ¾como jefe de relaciones públicas y miembro ilustre de la Academia Colombiana de la Lengua¾ escribía en diversos diarios y revistas. Como diplomático visitó a España, Méjico, Venezuela y Panamá, y como alma andariega descubrió amplios horizontes. Pertenecía a distintas entidades académicas y literarias de Colombia y del exterior. En 1994 el escritor y periodista español Severino Cardeñosa Álvarez le rindió espléndido tributo de admiración al recoger en edición de 400 páginas buena parte de su obra poética.

“Aguasabrosa”, su reino terrenal, conoció sus horas de sosiego ¾y al mismo tiempo de infatigable creación¾ en la mejor etapa de su vida. Dicho rótulo era como una insignia ambulante de su espíritu, pues primero se lo asignó al predio rural donde residía en Buga, y al trasladarse años después a su nuevo domicilio en Calima-El Darién, con el mismo nombre bautizó esa morada. Su amor por el campo se lo transmitió su padre, quien además, como poeta elemental que era, alentó la visión literaria del futuro escritor.

Ha muerto un inmenso poeta. El nombre de Echeverri Mejía entra a engrandecer el acervo cultural de la patria.

(Publicado en El Espectador, Bogotá, Colombia, 26 de febrero de 2006)

* Gustavo PÁEZ ESCOBAR, periodista, columnista en El Espectador y novelista colombiano.

Hernando GARCÍA MEJÍA*:

LA ÚLTIMA MUSA DEL POETA

Desde su envidiable refugio paradisíaco de “Aguasabrosa”, en donde  vivió, soñó y creó en compañía directa y amable de la madre Naturaleza, Óscar Echeverri Mejía mantuvo comunicación  permanente no sólo con Colombia sino con  España,  motivo de inspiración de algunos de sus más logrados y sentidos poemas. Allí,  en chanclas y pantaloneta, rodeado de patos, pájaros y mariposas, este  poeta, que anímicamente parecía un muchachón gocetas no obstante su prolijo kilometraje vital, era algo así como un señor feudal del poetariado colombiano.

“Aguasabrosa” es ya un lugar mítico de nuestra poesía y hasta tiene su  propia Patrona, llamada Lourdes, la tercera musa y mujer de Óscar, quien lo amó y lo cuidó con abnegación y quien tiene, cómo no,  presencia viva y palpitante en algunas páginas de El paso del tiempo, el último de sus libros editados (mayo de 2001), que tuve el honor de presentar en el auditorio de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín.  Haciendo un repaso nostálgico de su vida y un ajuste de cuentas con el implacable dios Cronos, el amoroso señor de Aguasabrosa dice, homenajeando a su dama, en  “El regreso de la sangre”:

Perdí y gané, buscando siempre

una respuesta que he encontrado

en quien me acoge en cuerpo y alma

en la bahía de sus brazos.

En Inventario vital  exclama:

Miro adelante, y veo confiado

mis pasos últimos, al lado

de quienes son mi propia sangre

y de la cálida criatura

que me defiende de las sombras

y me ilumina con sus ojos

la ignota senda que conduce

a la presencia del Creador.

“Nocturno del éxodo” remata así, bellamente:

Mientras evoco las vivencias

de un amor puro y verdadero

lleno de paz y de armonía,

canto a la vida y me protejo

entre los brazos de mi amada

de la  vorágine del Tiempo.

Observemos a Lourdes  en su jardín, mimando las flores preferidas, y  oigamos arriba, desde el balcón que otea proximidades y horizontes de  verdor y hermosura, al poeta diciendo, siempre  galante y romántico:

Desde el balcón amado

la ardiente trinitaria te susurra

la voz de quien te sueña en estos versos.

“Sembradora de sueños y de plantas”, Lourdes, Nuestra  Señora de los jardines florecidos y aromantes, merece del poeta, asimismo, estrofas como estas:

Hoy me miro al espejo de los días

y te veo poblando mi pasado,

firme cayado para el paso incierto,

para la sed, dulce Samaritana,

luz en mi oscuridad y fe en mis dudas.

Fue muy bello y reconfortante para el alma y para la solitud inerme y decadente de la poesía, comprobar que este poeta nuestro, siempre próximo y hermano, pudo vivir tranquilo en su refugio campestre, ubicado en un rincón verde y bucólico de este país loco y ensangrentado, y que a su lado, insomne y fiel, estuvo Lourdes cuidando hasta el final de sus achaques y de sus versos.

Un abrazo fuerte y un beso para Lourdes y la garantía de que los amigos y cómplices del poeta siempre la recordaremos con cariño.

* Hernando GARCÍA MEJÍA, poeta y periodista colombiano.


Hernando GARCÍA MEJÍA:

GAZAPEROS

Colombia ha sido históricamente reputada como la nación en donde mejor se habla y escribe el español. Sin embargo, ello no obsta para que  mucha gente  incurra en descuidos, imprecisiones y errores de todo jaez al hablar o escribir.  La influencia de los medios de comunicación –publicaciones impresas, radio y televisión– es, sin duda, la  causante  de este nocivo fenómeno, habida cuenta de la mala preparación de los periodistas.  Dichos profesionales salen de las facultades atiborrados de teorías técnicas, cuando lo ideal sería que la universidad hiciera hincapié fundamental en la buena y escrupulosa enseñanza del idioma, materia prima del oficio.

Tan pobre manejo del español hablado y escrito ha  tenido como consecuencia la aparición de los  gazaperos profesionales, encargados de cuidar y hacer valer la  excelencia idiomática.  Para mi gusto personal los mejores fueron Argos en El Espectador, doña Lucila  González de Chaves en el  ya desaparecido Literario Dominical de El Colombiano, y  Óscar Echeverri Mejía en varios periódicos de  Colprensa.  Entre los tres preferí siempre a  los dos últimos, no sólo por ser mis amigos sino por  limitarse a corregir el error sin  denunciar ni ridiculizar a quien lo comete, característica de la cual abusaba Argos y que, paradójicamente, contribuyó a hacerlo tan leído y famoso, pues en Colombia nos fascina que molesten a los demás.

Nuestro querido  y ya fallecido poeta y académico Óscar Echeverri Mejía, señor de Aguasabrosa,  tuvo, como doña Lucila, ya retirada de las lidias lingüísticas, una vasta experiencia en el campo. Maestra de español y literatura  hasta su jubilación, doña Lucila publicó en Bedout  una serie  didáctica  famosísima en todo el país y es autora, además, de los textos Funcionalidad del idioma y Gramática y estilística, este último sencillamente espléndido.

Óscar, por su parte, trabajó con la Academia Colombiana de la Lengua en el cargo de Jefe de Relaciones Públicas y dirigió programas radiofónicos como La voz de la Academia y Cuestiones de lenguaje, a la vez que  hizo parte de  su Comisión de vocabulario técnico.  De toda esa fecunda experiencia salieron su Tribunal idiomático, difundido generosamente en varios periódicos de Colombia, su libro  Nuestro idioma al día, con varias ediciones, y el Diccionario abreviado de la Lengua Española.

Tales hechos respaldaron ampliamente su valioso y constante trabajo de  purificación idiomática, que los colombianos debemos agradecerle.  Más que la geografía, el idioma es la verdadera  patria del hombre y su cultivo y cuidado  deben extremarse con amor y sabiduría tanto a nivel individual como colectivo.  Dime cómo hablas y te diré quién eres, me atrevería a  insinuar,  inspirado en  un  refrán celebérrimo.

Desaparecidos Argos y Echeverri Mejía y retirada doña  Lucila González de Chaves, quedan aún algunos  gazaperos inteligentes y avisados, entre los cuales  destacamos, por su  precisión y  claridad didácticas, al profesor Jaime Mercado, quien  en Radiosucesos  RCN  nos corrige y alumbra todos los días.

Juan RUIZ DE TORRES *:

LA POESÍA DE OSCAR ECHEVERRI MEJÍA

Desde 1958, fecha en que conocí en Cali, donde trabajé seis años, a Óscar Echeverri Mejía, he seguido con atención y júbilo la poesía del poeta de Ibagué. Su fina amistad no me abandonó, y hoy me siento como huérfano sin su compañía, así fuese lejana, porque sus cartas y envíos varios ¾estos años a través de su fiel amigo Pedro Henao¾ me llegaban con regularidad. Si él reseñó con asiduidad mi modesta poesía, yo quiero aquí mostrar mi admiración por la suya copiando algunas de las opiniones que tuve el honor de publicar sobre varios poemarios.

Echeverrí  Mejía,  Oscar:  Rostros del amor  (antología  1942-1967). Museo Rayo.  Roldanillo, Colombia, 1968.

Demos el valor de ‘divertimento’ a esta peculiar antología que ha hecho Ediciones  Embalaje/Museo Rayo,  de Roldanillo,  Colombia,  para la obra poética del poeta colombiano, Miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, autor de una veintena de libros, Correspondiente de la Asociación Prometeo de Poesía.  Y  decimos  ‘divertimento’  porque es una edición digamos, ‘divertida’, por no utilizar algún adjetivo más duro que se nos ocurre. Creemos que no se debe tratar en forma tan superficial la poesía de Echeverri, infatigable defensor de la lengua en la prensa de Colombia, excelente crítico. Quizás a él, bondad personificada, le habra parecido bien; no así a nosotros, que no apreciamos estos ‘juegos’ con la gran poesía, con la notable pretensión de ser una “antología de vida”. El ‘libro’, encuadernado en cartón de embalaje, elige al por mayor 37 poemas de toda la obra del poeta piedracielista, atados con un cordel, sin indicación del libro en que aparecieron,  sin estudio previo ni notas aclaratorias; eso sí,  con una resumida biografía del poeta ‘nacido en Colombia’, que ni siquiera indica el lugar de nacimiento preciso (la ciudad de Ibagué, el 15 de mayo de 1918). Claro,  seguramente para hacer aún mayores economías,  se eligen los poemas más breves; aprovechando la oportunidad de que Oscar Echeverri es un excelente sonetista, y de que los sonetos suelen ser cortitos, se incluyen 12 de ellos entre los 37; nada menos que un tercio del total. La cosa habría sido explicable si el objetivo fuese una divulgación amplia, a nivel escolar digamos, de algunos poemas de Echeverrí. Pero no: la tirada tiene 300 ejemplares. En su ‘primera edición’, claro. Y porque el libro, a pesar de la amable dedicatoria del autor, me ha puesto un poco de mal humor, sólo añadiré, para placer de los lectores, uno de esos maravillosos  sonetos  de mi amigo Oscar  (que sigue sin su  merecida antología 1942-1987), el soneto “Desnudo”: “Inmóvil surtidor, su cabellera / resbala por la espalda dulcemente. / Cayendo de la cima de la frente  / la luz tiembla en sus ojos prisionera. // Arde en sus labios una quieta hoguera.  / Goza el aire en sus hombros, inocente.  / Florece en cada brazo, humanamente,  / de la mano la rosa verdadera. // Dos cálidas colinas embellecen  / el casto pecho, y en su cima ofrecen / la miel de su redonda florescencia. // El vientre es un remanso de purezas / y los muslos – cerradas fortalezas – / guardan su clara sombra de inocencia.” (Valor de la Palabra 20)

Echeverri Mejía, Oscar: Historia de la sangre. Invatex. Medellín (Colombia), 1989. 66p.

Loable es que una empresa privada, dedicada a la industria, edite un poemario, y sobre todo, la antología – si sobre un tema parcial, la familia – de un poeta importante del país. Que no lo haya hecho una editorial o una institución pública de cultura es lo sensible. Porque, en realidad, el notable poeta colombiano – Académico de la Colombiana de la Lengua – Oscar Echeverri Mejía sigue sin una antología apropiada de su extensa obra poética. Encontramos el trabajo de la empresa editora, si loable como decimos arriba, superficial en exceso, aunque las formas mínimas se guardan: una breve introducción de Sergio Mejía Echavarría, un índice de fechas de aparición – que no bibliográfico – de sus veinte poemarios, y una reducida selección (29 poemas), sin fechas ni origen, de sus libros. Pero el que da lo que tiene… Historia de la sangre tiene en su primera página una presentación peculiar, firmada por el gerente de la industria editora: “Dios, Patria, Amor (…). Al exaltar La Familia, célula primaria e insustituible de toda sociedad, (…) Invatex quiere rendir un homenaje de admiración y gratitud a quien ha paseado por el mundo el nombre de Colombia a través de su castiza y elegante pluma”. Elegante y castiza, dice bien el presentador. Porque Oscar Echeverri, que años ha ofrecido una columna sobre el idioma en la prensa de su país, es digno cumplidor de la máxima de la Academia en que sirve al idioma, “limpia, fija y da esplendor”. Su lenguaje es pulido y cuidado, su sintaxis siempre certera. El poema “Y se hizo el milagro”, por ejemplo, lo inicia con un arriesgado gerundio: “Intuyendo tu ser con su instinto perenne / la vida buscaba por todos los caminos”: ambos alejandrinos expresan una simultaneidad de acción que suelen olvidar tantos poetas en el uso del castellano participio presente. O el notable terceto “A la par que salvaban una vida, / tejían y sembraban, o una herida / cerraban con unción y dulcedumbre” (del soneto “Las manos de mi madre”). Y en sonetos estamos: diez ha elegido el antólogo para Historia de la sangre, más de un tercio del total. Porque siempre se ha distinguido Echeverri en el cultivo afinado y certero de esta estrofa reina. Oscar, que perteneciera – aunque algo más joven que Carranza y Rojas – al grupo de los “piedracielistas” colombianos, ha alternado en sus libros, siempre con acierto y bizarría, el verso libre con el italiano soneto, en general rimándolo al modo clásico -ABBA ABBA- contra la extendida costumbre en pagos americanos de los serventesios -ABAB ABAB-. La ternura nostálgica, constante en todos sus versos; la fidelidad a un modernismo actualizado, huyendo de veleidades surrealistas; un vocabulario con ocasionales neologismos pero sin aristas – “soledad aridecida” -; hermosas imágenes llenas de plasticidad -“tengo sal en la piel como una jarcia, / tiro la red de la palabra al viento / y recojo un poema en cada viaje” -: he aquí algunas características de la poesía echevarriana, que con toda seguridad merece una antología no parcial y un -o unos- estudio en profundidad. (Valor de la Palabra 22)

Echeverri Mejía, Oscar: Oscar Echeverri Mejía, edic.  Severino Cardeñoso Alvarez, Edic.  Cardeñoso, Vigo, 1994.  400 p.

Merecía – lo dijimos hace tiempo en un comentario a la edición de Rostros del amor – Oscar Echeverri Mejía, poeta colombiano de amplia y valiosa obra, una antología seria y cuidada.  Aquí nos la ofrece este editor gallego, cuya labor periodística y editorial son ya notables.  La antología (muy cuidada en composición e impresión) está  prologada por el Dr. Ernesto Samper, actual Presidente de Colombia, y es un amplio paseo biográfico (con abundantes fotografías), bibliográfico (con muchos artículos y reseñas) y poético (abundante muestra de sus veintiún libros) por la personalidad y la poesía del poeta de “El asesinado en la sombra”, singular composición por cierto no incluida en la antología. (Carta de la Poesía 40)

Echeverri Mejía, Oscar: Altamar. 1990-1993, Depto. del Valle del Cauca, Cali (Colombia), 1996.

El poeta, el académico, el crítico literario, el periodista colombiano Oscar Echeverri Mejía ha dedicado su vida – larga, afortunadamente – al idioma y a la poesía: 54 años desde su primer libro, Destino de la voz. Ahora aparece una colección de poemas escritos entre 1990 y 1993, encabezados por un poema que da título al libro: “Altamar: Al mar – gigante insomne – / los ahogados le gritan / su protesta. / Sordo a su algarabía / y herido en soledad, / va incubando mareas y naufragios. // A la noche, / de tanto ir y venir sobre las olas / en lo alto de sí mismo / se marea.” No cabe mayor concisión, mayor expresividad, mayor ironía ni mayor desconsuelo ante el espectáculo del diario vivir. (Carta de la Poesía 48)

Echeverri Mejía, Oscar: El paso del tiempo. Poemas 1941-2001, [Cali], Colombia, 2001, 123 p.

Óscar Echeverri Mejía es uno de esos poetas con los que América nos regala a todos los hispanohablantes. Piedracielista de la segunda época, pero no menor que los de la anterior, Óscar ha caminado unido, que no atado, a un pasado glorioso, y tomado de ese venero que es la poesía de “Piedra y Cielo” las fuerzas para una poesía de la ternura, del análisis fecundo de lo humano. Su obra poética abundosa se encuentra representada dignamente en este poemario, que no antología, pues es un florilegio de algunas –sólo algunas- de sus más acertadas visiones de la relación inescrutable e inevitable del Tiempo con el ser humano. El reloj, los seres queridos que ya no están, la amada compañera de años, la indagación de lo por venir, la conformidad rebelde con el paso de los días: todo lo recoge El paso del Tiempo, pues  sobre todo ello ha trabajado incansable este poeta y crítico, cuya labor en la Academia Colombiana de la Lengua seguramente le ha llevado a recordar a Sísifo. Pero no: sepa el amigo y el poeta que su labor creadora no ha sido en balde, y que la reconocemos modestamente como lo han hecho instituciones y gobiernos. (Neruda Internacional 2001, La Pájara Pinta 11, Prometeo Digital 6)

* Juan RUIZ DE TORRES: poeta, prosista y crítico  español, presidente fundador del Ateneo de Cali y de la Asociación Prometeo de Poesía.

(FDP078)

[POESÍA COLOMBIANA] [ECHEVERRI MEJÍA, ÓSCAR] [HENAO MONTES, PEDRO] [GARCÍA MEJÍA, HERNANDO] [PÁEZ ESCOBAR, GUSTAVO] [RUIZ DE TORRES, JUAN]

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