La enseñanza de la lengua en la educación básica

La enseñanza de la lengua en la educación básica

MARCELO BIANCHI BUSTOS

salon de clase

La educación está puesta en tela de juicio en muchas de las publicaciones que no se dedican específicamente a ella y en los medios masivos de comunicación. Las pruebas de calidad que se tomaron años atrás y las evaluaciones realizadas por docentes de los primeros años universitarios sobre cultura general, han llevado a la sociedad en su conjunto a pensar más que nunca en la educación. De todo ese universo que compone el sistema educativo voy a realizar un importante recorte y sólo me abocaré a trabajar con el área de Lengua.

Mucho se ha hablado sobre la enseñanza de la lengua hoy. El propósito de esta comunicación es reflexionar sobre el enfoque de la enseñanza de la lengua en el nivel de la Educación General Básica.  Con la sanción de la Ley Federal de Educación en el año 1994, surgieron distintos documentos que tenían por objetivo delimitar cual era el fundamento de cada una de las distintas áreas curriculares.

Según se señala en los Contenidos Básicos Comunes para la Educación General Básica, la escuela es el lugar en el cual el alumno puede lograr el dominio lingüístico y comunicativo que le permita acceder a la información, expresar y defender sus propios puntos de vista, construir visiones del mundo y participar en los procesos de circulación y producción del conocimiento[1]. De esta forma se explicita cuál es la función de la escuela en lo que respecta a los objetivos que le permitirán lograr a los alumnos, hecho que constituye un cambio importantísimo en la enseñanza del área. Si hiciéramos un rápido recorrido por la didáctica de la disciplina y por los métodos empleados en la Argentina para su enseñanza, podríamos observar que hasta la década de 1980, saber lengua era poder analizar sintáctica, semántica y morfológicamente oraciones, era conocer y clasificar distintas clases de palabras (sustantivos, adjetivos, adverbios, preposiciones, artículos, pronombres, etc), era recitar en forma completa el paradigma de la conjugación de los verbos regulares e irregulares en los tres modos (indicativo, subjuntivo e imperativo) y era leer algunos textos literarios representativos los cuales eran analizados a través de una perspectiva estructural atendiendo exclusivamente al mundo literario y a todo o relacionado con la estructura interna de la obra literaria en cuestión. En cambio, hoy, el enfoque del área pretende ser completamente distinto a pesar de que se retomen muchos de los temas trabajados anteriormente, pues el enfoque no debe olvidar que la lengua es un sistema y que como tal tiene una serie de elementos que deben interrelacionarse para que el mismo funcione correctamente.

La lengua es un instrumento vital en la era global

El mundo globalizado, la sociedad del conocimiento y las nuevas demandas surgidas desde el mercado y encuadradas dentro de lo que se denomina saberes socialmente significativos, necesitan que la escuela forme no gramáticos ni alumnos que puedan recitar las clasificaciones de palabras de memoria, sino ciudadanos que tengan la competencia de utilizar a la lengua como el instrumento de comunicación por excelencia que le sirva para poder expresar su pensamiento y de esa forma ejercer una acción lingüística coherente y eficaz. Sin lugar a dudas, el lenguaje es un instrumento de socialización imprescindible para lograr el discernimiento a escala individual y para adaptarnos al mundo social[2].

A partir de esta reforma de los objetivos y del sentido de la Lengua en la enseñanza básica obligatoria, entraron a la escuela textos que nunca se hubiera pensado hace veinte años que podían servir para educar. Basta con hacer un recorrido por algunos de los manuales publicados para los alumnos del tercer ciclo de la Educación General Básica[3] para poder observar que hoy se trabaja, en primer lugar, con textos argumentativos y de opinión. El arte de persuadir, si bien es sumamente antiguo, ya que podemos encontrarlo en las épocas bíblicas o en los griegos clásicos- con Aristóteles hacia adelante –, era un tema que estaba totalmente ausente de la enseñanza escolar[4].  La inclusión de estas tipologías textuales – que cambiaron los esquemas de los docentes que sólo se dedicaban a la literatura y que dejaban de lado la lengua de uso –  persigue dos objetivos fundamentales: por un lado, leer en forma competente textos argumentativos y poder a partir de ellos comprender las ideas de los otros discerniendo sobre un determinado tema; por el otro lado, producir textos argumentativos que permitan expresar a través de la palabra las opiniones y que se puedan deducir de antemano sus efectos.

Los textos instructivos en la educación

En segundo lugar, entraron al universo educativo los textos instructivos, como por ejemplo recetas de cocina, prospectos de medicamentos, manuales de electrodomésticos y reglamentos de juegos que son sumamente útiles a los efectos de lograr un conocimiento del lenguaje en uso, es decir de aquel lenguaje fundamental par poder hacer frente a distintas situaciones de la vida cotidiana que necesitan de un lector competente que pueda comprender sin ninguna dificultad distintos mensajes, analizarlos y obrar en consecuencia.

Con el avance del área de lengua la cual se transformó en un universo muy amplio en el cual convergen distintas disciplinas científicas, se sumaron temas provenientes de la semiótica, la comunicación, la sociolingüística, etc., como por ejemplo el tratamiento y análisis de la publicidad, tanto la gráfica como la televisiva. Su estudio, ausente hasta la reformulación del área, implica poner en juego distintos aspectos que tienen que ver con la argumentación, la estética de la recepción, los estudios culturales, los efectos de un mensaje sobre el destinatario, etc.

También se incorporaron temas relacionados con la oralidad, aspecto fundamental para lograr buenos usuarios de la lengua. Así aparecieron en la escuela como temas curriculares, la conversación y el debate, pero no sólo de una manera espontánea sino a través de un estudio pormenorizado de los distintos mecanismos que nos permiten lograr una comunicación oral eficaz. De esta forma se propone trabajar con la superestructura conversacional y la del debate sumándola a los conocimientos de los temas de argumentación con el objetivo de que el usuario de la lengua pueda planificar en líneas generales un debate o una conversación sabiendo que efectos pueden causar el uso de determinadas palabras dichas en un determinado contexto. Por supuesto que los contenidos de oralidad no deben estar presentados separadamente de la escritura y de la lectura, ya que si bien implican procesos diferentes, la escritura sirve para reestructurar la conciencia – tal como lo ha analizado Walter Ong[5] en su célebre libro – y a partir de esto es posible modificar la oralidad.

Formar críticamente frente a los medios masivos

En esta reformulación de los contenidos y del enfoque areal, tampoco podía estar ausente la televisión. Analizada desde distintas perspectivas, su inclusión tiene por objetivo cumplir con uno de los objetivos que persigue la Ley Federal de Educación que es el de formar personas críticas frente a  los mensajes provenientes de los medios masivos de comunicación. Así, por ejemplo, se estudia la función del entretenimiento en nuestra vida (a través de la observación y del análisis de programas pertenecientes a ese género) y como la TV trata de persuadirnos constantemente (aspecto analizado desde una perspectiva crítica). Otro de los medios clásicos de comunicación que adquiere también especial vigencia es la radio. Esta tendría que ser trabajada áulicamente por los docentes en tiempo real y podría llegar a desempeñar algunas de las funciones señaladas por María Victoria Reyzábal: “Motivar, sensibilizar, Informar, Orientar, Enseñar, Divertir, etc[6]”.

Como se podrá ver, muchas son las incorporaciones que tienen por objetivo principal lograr una mayor alfabetización en el uso de la lengua para de esa forma poder construir una sociedad del conocimiento un poco más igualitaria.  (Buenos Aires).

[1] Ministerio de Cultura y Educación de la Nación – Consejo Federal de Cultura y Educación, Contenidos Básicos comunes para la Educación General Básica, Argentina, 1994. 2º edición, Pág. 25.
[2] Consejo General de Cultura y Educación, Subsecretaría de Educación, “Documento Curricular B1”, en: Documentos Curriculares, Dirección General de Cultura y Educación, Provincia de Buenos Aires, 1995. Pág. 79.
[3] Algunos de los textos analizados son: Avendaño, Fernando, Legua 9, Buenos Aires, Santillana, 1997;  Lescano, Marta y Lombardo, silvina, Para comunicarnos. Lengua y Literatura 7ºº, 8º y 9º año, Buenos Aires, Ediciones del eclipse, 1997; Tavarone, Domingo, Lengua 9, Buenos Aires, Oxford University Press Argentina, 1996; Petruzzi, Herminia (et al), Tomo la palabra. Curso de Lengua 8º EGB, Buenos Aires, Colihue, 1999.
[4] Marafioti, Roberto (comp.), Temas de argumentación, Buenos aires, Biblos, 1995.
[5] Ong, Walter (1997), Oralidad y escritura. Técnicas de la palabra, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
[6] Reyzábal, María Victoria (1997), La comunicación oral y su didáctica, Madrid, La Muralla, Pag. 255.

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Marcelo Emilio Bianchi Bustos es Profesor de Castellano, Literatura e Historia, Licenciado en Enseñanza de la Lengua y la Comunicación y Especialista en Educación de Adolescentes y Adultos, en la Argentina..

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